Blog de Antonio Gutiérrez

La vida es movimiento, el movimiento es vida


Deja un comentario >

Capitulo V del libro de la Serie Emociones y Salud:  Menos enfados, + salud

Investigación

 Manifestaciones físicas de la iraemotion_head_mad_800_7632

Un estudio muy interesante que se hizo sobre la relación entre la ira y el estado de salud, arrojó aún más luz sobre el tema. Se hizo un seguimiento, dos días por semana inicialmente a un grupo de ciento veinte y ocho personas. Los test que se les hacían tenían que ver con qué tipo de actitudes tenían ante distintas situaciones, personas o cosas y si habían percibido algún tipo de síntomas relacionados con ese tiempo (¿Cuál?). He aquí los resultados.

Treinta y un pacientes presentaron urticarias y erupciones. Estas personas decían sentirse maltratadas y humilladas. Todas ellas coincidieron en que no podía hacer nada para solucionar aquella situación y se “resignaban” a seguir sufriendo. Vemos un claro ejemplo de ira reprimida. ¨Mi novio me ha dejado, pero ¿qué puedo hacer yo?¨. Veintisiete presentaban eczemas cuando sentían que estorbaban y les impedían hacer algo. Estas personas no sabían como manejar la sensación de frustración: “ No consigo que me entiendan, no sé qué hacer”

Diez presentaban las manos frías y húmedas. Este signo también es característico de la ansiedad, el miedo ante el ridículo de no saber qué hacer.

Doce sufrían rinitis vasomotora llamada también coriza, solía manifestarse cuando se enfrentaban a situaciones ante las cuales no podían hacer nada. Deseaban delegar su responsabilidad en otros. Tenían en común que no quería enfrentarse al problema. Entonces su nariz empezaba a echar fuera el moquillo o la “agüilla¨, segregado en exceso para eliminar las sustancias extrañas . ¡Interesante! ¿Cierto?

El asma, una enfermedad con un alto porcentaje de causa psicosomática, se manifestó en siete pacientes. La diarrea aparecía en personas que querían librarse de alguien y se manifestó en veintisiete personas.

El estreñimiento aparecía en individuos con actitudes rígidas, dispuestos a seguir adelante, sin reconocer su equivocación, ni queriendo rectificarse. Diecisiete presentaban este síntoma.

Las náuseas y vómitos aparecieron en once pacientes. Eran personas que deseaban que “no hubiera ocurrido aquello”. Estaban preocupados por el error que habían cometido: “Ojalá nunca hubiera ocurrido”. “ Cometí un error”.

Es sabido que algunas embarazadas presenta náuseas en las primeras semanas de gestación, otras los primeros meses. Pero lo que no es lógico es que lo hagan después del embarazo. Las náuseas después del embarazo se manifestaban en mujeres que no habían querido estar embarazadas y que rechazaban a sus hijos.

El rencor y el deseo de venganza eran dos actitudes comunes en nueve pacientes que padecían úlcera de duodeno.

El dolor de cabeza, las jaquecas, se manifestaron en 14 pacientes, el deseo de finalizar algo, de alcanzar objetivos estaba presente en estos pacientes: “ Tenía que acabarlo, no había más remedio”. También se manifiesta en personas que quieren dominar o controlar todo lo que ocurre a su alrededor.

La hipertensión arterial se manifestó en siete pacientes. El tener que estar a la altura, un exceso de exigencia personal, el sentirse excesivamente responsable y tener que solucionar todos los problemas eran algunas de las actitudes comunes.

El dolor de espalda se presentó en once pacientes con el deseo de escapar de una situación, el no querer enfrentarse a los conflictos. En varias ocasiones he visto pacientes que sufrían fuertes ataques de lumbago cada vez que tenían que hablar con su jefe por conflictos laborales y no se atrevían a hacerlo.

Este estudio nos muestra la relación tan directa entre nuestro estado emocional y la salud física. Raíces de amargura, de ira, de rencores, de odios son, en no pocas ocasiones, las causantes de muchas de nuestra enfermedades. ¿Tendrá que ver el sabor amargo de la bilis con la amargura de algunas personas?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Deja un comentario >

discusión airadaNo podía creerlo. Delante de mi ojos, tan cerca que hasta podía percibir su olor corporal, fruto de un estado de irritación. Las palabras que salían por su boca no eran precisamente balsámicas, ni motivadoras, ni consoladoras. Más bien ofensivas, humillantes y destructivas. No podía creer lo que mis oídos escuchaban. Gritos de una madre vomitados (no encuentro otra palabra en este momento) sobre su pequeña hija de tres años.

Su “delito”, el del niña, era simplemente  activar su curiosidad al ver un juguete móvil  en uno de los escaparates.La madre, la agarró del brazo, atrayéndola con fuerza hacia sí.

-.¡Mami, me haces daño-, exclamó la pequeña.

– ¡Ya me tienes harta!- Respondió la madre de forma iracunda.

– ¡Eres tonta! Cuando llegue a casa verás-, a esas palabras le acompañaban gestos de ira, con el puño cerrado.

Sentí mi corazón entristecerse. ¿Cómo era posible  un trato tan humillante? ¿Cómo era posible que  un adulto tratara así a una pequeña que solo estaba observando un objeto?

¿Cuál sería el estado de la madre que le condujera a este tipo de acciones? Acciones que cada vez son más frecuentes, en los autobuses, en  las calles, en los trabajos, en los hogares.

¿Tanta rabia tenemos? ¿Tanta ira? Sin duda la capacidad de manejar nuestras emociones deja mucho de desear. Es posible que adquiramos conocimientos pero tengamos dificultades para adaptarnos  a situaciones no deseadas, a momentos de tensión o de frustración. Pasamos años estudiando (mínimo dieciséis) ¿Cuánto tiempo dedicamos  a conocer la mejor forma de comunicar, de compartir, de expresar?

El mecanismo de defensa de proyección es usado con mucha frecuencia. Descargamos nuestra responsabilidad en los demás. Si respondemos de forma iracunda damos la culpa a un factor desencadenante, ya sea hijo , compañero o circunstancias.  En lugar de hacernos cargo de nuestra reacciones o actitudes.

No sé en qué situación se encontraba la mencionada madre, es posible que tuviera más que motivos para estar enfadada, probablemente por situaciones personales. No me atrevo a interpretar, por miedo a entrar en juicios y sacar mis propias conclusiones. Lo que sí estaba claro era que su conducta no era la más apropiada. La pequeña recibió la descarga iracunda de su madre. ¿Qué pasaría por su mente?  -Mamá, solo estaba mirando un juguete- podría decir.

¿Qué enseñanza recibe esa criatura respecto a cómo expresar nuestro estado? ¿Copiará ella la misma conducta que la madre?

Una de las formas de aprender es por imitación. Muchas de las reacciones de los niños son espejos de los padres o allegados.  Conductas, en ocasiones poco saludables e  incoherentes. Y, cuando las hacen, los mayores queremos corregirles con otras conductas iracundas. En lugar de enseñarles a expresar de forma empática.

Volvamos a la madre. Y más que a la madre, a la conducta. ¿Vemos estas acciones con frecuencia en nuestro entorno? ¿Cuál es  nuestra actitud? ¿Nos afecta? ¿Nos hemos acostumbrado? ¿Las hemos normalizado? A estas horas, pasada la medianoche, cuando estoy escribiendo  estas reflexiones que parten de la observación de mi entorno, también miro hacia mi interior. ¿Tendré yo reacciones como ésta? Es posible que las tenga y no me dé cuenta de ello porque también puedo haberlas integrado en mi comportamiento diario, haberlas normalizado. Por lo que es posible que esté viendo la paja en ojo ajeno y no pueda ver la viga que está en el mío. Si esta reflexión ha servido para el lector, me alegraré. Y si no es así, me alegraré yo solo porque me ha permitido mirarme a mí  y darme cuenta de que es posible que mi conducta no sea tan diferente de la madre de una hija que se dejaba llevar por algo tan natural como es la curiosidad.


Deja un comentario >

Limitaciones  “ilimitantes”

Sobre las limitaciones

Hoy te conocí. Hoy aprendí. Has sido un libro abierto, cuyas letras saltaban de cada página. Letras escritas con tu vida, frases de tu experiencia.  Tu cuerpo testimonio fiel de tu vida. Tus pensamientos, ricos. Resultado de profundas reflexiones.

Creía conocer las limitaciones, aquellas que nos dificultan para avanzar en la vida. Para unos físicas, para otros mentales, para unos imaginarias, para otros reales. La limitación, un concepto que cambió al conocerte. Tus brazos, tus piernas, tu cuerpo, transformado desde el vientre, observado desde tu nacimiento. No puedo imaginar tus pensamientos en las conversaciones, en tu intimidad. Me impactaste, amigo.

Nos conocimos por tu necesidad de alivio de un dolor  en tus pequeñas manos, unas manos apenas a  diez centímetros de tus hombros.  Pude tocarlas para aliviarte y aconsejarte en pautas de salud. Al tocarlas me di cuenta del valor de ellas para ti. Las mías, a veces hasta me olvido de ellas. Pero, para ti , tus dedos convertían en música celestial cualquier cosa que tocasen. Desprendían notas de amor, agradecimiento a la vida, a los tuyos, a tus amigos. Aprendiste el valor de tocar, de percibir, de sentir. ¡Cuánto asimilé de ti en apenas cuarenta minutos!  Tu entereza, integridad, templanza y tu actitud ante tus limitaciones  hacían “ilimitantes tus acciones”.

Estoy convencido que detrás de ti,  se ha creado una estela de personas impactadas por tu testimonio real. Estoy convencido de que has sido ejemplo ( y sigues siendo) para muchos.

Fue muy enriquecedora la conversación con tu madre. Sus ojos brillaban al hablar de ti. Cada una de sus lágrimas, fruto del amor y de la entrega, se deslizaban por sus mejillas ¿Tristeza? ¡No, en absoluto! Lágrimas de profundo agradecimiento a la vida por haberte tenido en  su vientre, por haberte dado a luz y haberte cuidado hasta que, ante los ojos del mundo, mostraste tu autonomía e independencia.  Ahí estás ahora, adulto, maduro, con tu proyecto de vida, en plena carrera en esa universidad salamantina. En la que, como en cada lugar en el que estás, tienes un papel activo, motivador y de empuje en la vida de los que te rodean.

Tú, querido amigo , eres un regalo del cielo, para aquellos que estamos en la tierra. Tierra que a veces ni disfrutamos, ni aprovechamos porque perdimos el sentido  y el valor de las pequeñas cosas.

Amigo gracias por entrar por esa puerta. Gracias por ayudarme a ver con más claridad.  Gracias por aportar a mi vida tu presencia, por darme vitaminas para el alma, nutrientes para el corazón, fuerzas para avanzar en mis propósitos. Gracias por ayudarme a entender que mis “ilimitaciones” estaban limitadas por mi mismo. Gracias por recordarme el valor del esfuerzo, la constancia, la paciencia y la esperanza. Gracias por enseñarme que podemos subirnos sobre la muralla de las limitaciones y  cambiar nuestra visión.Hoy , a tu lado, crecí y di un paso más para ser mejor persona.

 Tú, con tu ejemplo, con tu mirada limpia, con la creencia en tus posibilidades, en tus capacidades, estás contribuyendo a crear un mundo más sano. Tus limitaciones, – a ojos de los demás , limitantes-, para ti son el campo de entrenamiento para crear, tener ilusión, capacidad de liderazgo, estimular y motivar a otros. Un referente, un espejo en quien mirarse. Gracias amigo.


2 comentarios

Estar juntos, un regalo de la vida

Estar juntos, un regalo de la vida

Reflexiones acerca de nuestros mayores y su presencia en nuestro hogar.

Tendría tantas cosas que decirte . Aquellas que dejé en el tintero, esperando el momento idóneo para hablarte, abrazarte, escucharte. Los momentos se fueron en medio de la vorágine de mi actividad. Mis ojos no supieron ver tu necesidad. Mis oídos, inmersos en los ruidos de las cosas que me atraían, no supieron diferencia tu voz de auxilio, demandando cariño, afecto, atención. Tú te merecías mucho más que lo que te estaba dando. Allí en aquel rincón, sin moverte. Tu cuerpo limitado por el desgaste de los años. Tu piel, expresión del tiempo transcurrido, curtida por el sol, por el viento y por el frío. El movimiento de tus costillas, tu dificultad para respirar, tu mirada perdida, me hacían tomar consciencia del poco tiempo que estarías entre nosotros. Aún así no supe ponerme a tu lado, aparcar mis intereses y coger tu mano. Hoy observo tu sillón favorito, no se mueve, no estás. Aún queda en el ambiente tu olor característico. Te gustaba usar colonia fresca, la misma. La que te regalábamos cada año. Y tú, cuando la recibías, ponías cara de sorpresa, sabiendo de antemano cuál era tu regalo. No teníamos originalidad a la hora de obsequiarte algo, pero tú, con tu presencia, hacías de ese momento algo especial. ¡Siempre tan agradecido!

¡Cuánto echo en falta tus bromas! Las noches que pasábamos juntos frente a la chimenea en nuestra humilde casa ¡ Cuántos kilos de mandarinas nos comíamos mientras manteníamos diálogos sin contenido aparente, disperso, variopinto, pero ricos en relación! No importaba lo que dijésemos, lo que importaba realmente era estar juntos. No había intención de demostrar nada. ¡Estar unidos era lo más importante, lo más maravilloso! Pudiéramos no estar de acuerdo en muchas cosas. Tu generación, tus ideas, tu forma de ver la vida, eran diferentes a la mías. Pero…¿qué importaba eso? Ahora valoro más que nunca tu personalidad, tu saber estar, tu paciencia, tus olvidos intencionados para no preocuparme, tus silencios.

Poco a poco fuiste perdiendo tu memoria. Cuando me preguntaste: Y tú.. ¿quién eres?, mi corazón se partió en mil pedazos. Aparté la mirada de ti para que no vieras deslizar las lágrimas por la mejilla, apreté mis puños y ordené a mis piernas que me sacaran de la habitación, porque ni mi mente ni me corazón podían sostenerse. ¿Qué pasaba por tu mente? Tu cuerpo, era el tuyo, seguro, pero… ¿tus pensamientos? ¿qué sucedía en tu interior? Hoy me enteré que lo último que se pierde es la memoria afectiva. Me sentí reconfortado. Te abracé, te lavé, te acaricié. Aún hoy siento tu respiración cerca de mi pecho.  Antonio Gutiérrez