Blog de Antonio Gutiérrez

La vida es movimiento, el movimiento es vida


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Ejercicios prácticos para estimular la memoria y mantener activo lo aprendido

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Después del descanso veraniego y la vuelta a la normalidad ( trabajo, estudios)  empecemos con buen pie (con buena cabeza) y no permitamos  que nuestra mente y nuestra memoria queden afectada por la falta de actividad.

 

Existen muchas técnicas distintas para estimular la memoria y recordar lo que se ha aprendido. Algunos leen una vez y otra, otros subrayan lo más importante, otros hace esquemas y resúmenes, otros “se montan una película” pasando a ser protagonistas de la historia, por ejemplo. Todas ellas válidas. Algunos de los puntos a tener en cuenta respecto a la memoria es que  se produce en tres fases básicamente: registro, almacenamiento y evocación. En este momento que el lector se centra en esta información está registrando, si le interesa lo guardará ( almacenar), pero para  que podemos volver a recordarlo es necesario dar algunos pasos más: evocar y actuar. Cuando hablamos sobre lo que hemos aprendido, estamos evocando, al igual que cuando lo escribimos  en forma de resumen o mentalmente repasamos  lo aprendido. Por acción entiendo, poner en marcha lo aprendido, que no quede en el terreno de lo teórico. Aprendemos a caminar, caminando. Aprendemos a hacer, haciendo. No nos sirve decir “lo entendí”, ahora hay que ponerlo en práctica. ¡ Cuántas veces hemos aprendido algo y por la falta de uso lo hemos olvidado! Repetir y repetir, hacer y volver a hacer.

Se dice que como mejor se aprende es enseñando. ¡Cuánta verdad en tan pocas palabras!

Al enseñar evocamos, al enseñar repasamos, al enseñar no oímos…nos damos más cuenta de lo que sabemos.

Escribir nuestros pensamientos, volver a repasarlos pasado un tiempo. Escribir nuestras conversaciones y volver a revisarlas. Ver películas de nuestra infancia, comentar fotografías, revivir las vacaciones, revivir los momentos más importantes de nuestra vida.

Vivir el futuro hoy: proyectar nuestros objetivos, grabarlos en nuestra memoria. Compartir con otros nuestros ideales, nuestra convicciones, nuestras ilusiones. Recordemos lo escrito en otro artículo aparecido en estas páginas: Pensar  era “actividad cerebral no hecha de forma rutinaria que requiere esfuerzo”. Retomemos por un momento esta definición y  apliquémosla a la memoria. Hagamos ejercicios para  estimularla: recordar números de teléfono, nombres, calles, recetas, fórmulas.

Una sencilla explicación nos ayudará a entender la importancia de la repetición. Si realizamos un paseo por el campo, pisamos la hierba, a las pocas horas o al día siguiente, esa hierba se ha recuperado. Pero si volvemos a pasar al día siguiente por ahí, va quedando marcado un pequeño camina. Si repetimos el mismo paseo una y otra vez, imprimimos nuestros pasos sobre las huellas de los días anteriores: “hacemos caminos”, habremos grabado la información.

Apliquemos este ejemplo a nuestra memoria. Unos tienen más capacidad que otros para memorizar. Algunos tienen más facilidad para el cálculo pero no para recordar historias. Otros recuerdan las caras, los lugares. Pero todos podemos ejercitar la memoria y ello implica actividad cerebral que requiere esfuerzo.

Cuando hablamos de ejercicio casi siempre lo asociamos al cuerpo, pero no sólo nuestro cuerpo tiene que  estar en movimiento  sino también nuestra mente. La memoria, los pensamientos, los recuerdos deben de ser  ejercitados. Los músculos tienen la capacidad de contraerse, de estirarse, de adaptarse, pero si no se usan se atrofian, perdiendo su función , menguando por tanto nuestra calidad de movimiento. Usemos ese ejemplo para entender el funcionamiento de nuestra memoria. El ejercicio mental  es muy beneficioso. Salud

 


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“Cuando nos come lo que nos come”

Aplicaciones prácticas del Neurocoaching

Es bastante frecuente acudir al profesional de la salud por no “sentirse bien”. A pesar de no encontrar nada relevante en las pruebas,  el paciente reconoce no estar  a gusto, con (por ejemplo) su aparato digestivo. Percibe, pesadez de estómago, digestiones lentas, malhumor, somnolencia, signos todos ellos de trastornos digestivos funcionales.

En ocasiones, no siempre, no nos afecta tanto lo que comemos, sino lo que “nos come”. A través de una conversación dinámica con el jugador o cliente de Coaching, podemos ayudarle a conocer más sobre su cuerpo, su lenguaje y conducirle hacia una toma de consciencia de las posibles causas de sus trastornos digestivos, por supuesto una vez realizadas las pruebas por su médico y descartadas las patologías.

Algunas sencillas palabras en forma de pregunta pueden ser suficientes para revelar su estado. ¿Qué sientes?¿Cuándo? ¿En qué lugares?¿En qué momentos?…

Se abre un diálogo interno cuando el jugador o cliente toma consciencia de que la misma comida le cae bien o mal, dependiendo de con quién está comiendo, o en qué lugar o tiempo se encuentra (en casa, de vacaciones, trabajando), o qué estaba viendo o pensando en el momento que estaba comiendo.

Cuando tomamos consciencia (darnos cuenta de que nos damos cuenta) de que en compañía de ciertas personas, o simplemente pensando en ellas, o trayendo a memoria momentos de ruptura o tristeza,  nos cae mal la comida nos lleva a algunos planteamientos: ¿hay algo que me irrita o altera de esa persona? ¿queda algún asunto pendiente con ella?¿ Hay cosas que aún no he resuelto? ¿He asimilado ese fracaso?

Los jugos  y los tiempos digestivos varían según nuestro estado emocional. Todos los días digerimos emocionalmente, ya sea conversaciones con los demás o pensamientos que acuden a nuestra cabeza. No resolver los conflictos puede conducir a “indigestiones emocionales” que se traducirán a través del tiempo en trastornos funcionales.

La pregunta adecuada será un espejo revelador, ayudando al jugador a “hacerse cargo” de su responsabilidad, a la toma de decisiones y a conducirle hacia el equilibrio físico, mental y emocional.  Recordar que pensar bien también forma parte de la salud.

El cuerpo siendo uno, está compuesto de múltiples miembros, sistemas, órganos, tejidos…, todos ellos unidos a través de complejos y maravillosos sistemas (nervioso, hormonal, endocrino). Los órganos, los tejidos, las células, también “siente”. Es sabido la íntima relación entre la mente y el cuerpo. Conocer el funcionamiento neurológico nos aporta múltiples herramientas para realizar una sesión de Coaching con más efectividad. Nos ayuda a considerar y a dar importancia a  las palabras, los pensamientos y las acciones. Como todos sabemos “Coaching” implica cambios, avance, crecimiento. La toma de consciencia: el primer paso.

Antonio Gutiérrez (Fisioterapeuta-Coach de Salud)