Blog de Antonio Gutiérrez

La vida es movimiento, el movimiento es vida


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Agradecimiento

Agradecimiento por la confianza, fidelidad y compromiso con la salud

Ten presente hacia donde vas sin olvidar de donde vienes. Una frase que tengo siempre en mente. Palabraaniversarios que me ayudan a avanzar sin olvidar el lugar de donde vengo. Evocar los inicios me genera una actitud de agradecimiento. Agradecimiento hacia aquellos que fueron claves en mi desarrollo, agradecimiento por los tiempos vividos y agradecimiento por lo aprendido en los momentos difíciles.

Mis primeras pisadas en el camino hacia el Hospital de San Juan de Dios en Palma de Mallorca fueron hechas en agosto de 1977. Este próximo año,  2017 se cumplirán  cuarenta años. ¡Cómo transcurre el tiempo!

Cuarenta años desde que empecé a aprender el arte y la ciencia de los cuidados de personas que necesitaban atención sanitaria. 1982 fue el comienzo de mi actividad como fisioterapeuta en mi propia clínica, al mismo tiempo que la ejercía en el hospital, cuna de mi vocación y aprendizaje. Un nombre resuena en mi corazón, una persona cuyo testimonio fue y sigue siendo faro para mis acciones, ejemplo de actitudes y servicio: José María Muñoz-Alcón  hermano de la orden de San Juan de Dios, en aquel momento prior en la comunidad de Mallorca.

Gran parte de quien soy y de lo que hago se lo debo a él, quien me abrió las puertas, amplió mi visión, reforzó mi vocación y me brindó la oportunidad para construir las primeras columnas para mi el desarrollo de mi profesión.

Agradecimiento también a todas aquellas personas que confiaron en mis manos como instrumento de salud y en mi persona para acompañarles en sus procesos de recuperación.

He tenido el privilegio de poder tratar a tres generaciones. Aquellos que acudieron a consulta con treinta y cinco años, hoy ya son abuelos. Sus hijos y sus nietos, siguen los hábitos saludables  aprendidos en las consultas. Me genera gran satisfacción.

Mi agradecimiento a las miles de personas que han acudido a las aulas de salud y a los talleres, con hambre de aprendizaje, en búsqueda de herramientas  que pudieran ayudarles a mejorar su calidad de vida.

Cuarenta años dedicados a la salud, formación y educación. El campo mi primera escuela. La vida, el campo de entrenamiento. Los frutos, la salud de mis pacientes. Gracias por vuestra confianza,  fidelidad y compromiso.

 


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La llegada del buen tiempo  influye en nuestro organismo modificando las betaendorfinas

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Para liberar se precisa consumo de energía. La primavera también.

El buen tiempo parece haber llegado. Las temperaturas se elevan y el sol empieza a mostrar su poderío. El cambio está ahí. Pero no solamente se producen transformaciones en la naturaleza sino también en nuestro cuerpo. Nuestro organismo no ignora las modificaciones  que se producen en   nuestro medio ambiente. Es influenciado por los cambios climatológicos: frío-calor, humedad-sequedad, etc…

 ¿Qué es  síntomas produce los cambios en esta época del año y cuál es su mecanismo?

Profundo cansancio, agotamiento, decaimiento y falta de energía para la actividad habitual son signos característicos de la astenia primaveral. Según las investigaciones una de cada diez personas sufre en mayor o menor medida de astenia primaveral. En esta época  el  año (abril, mayo, junio) se produce una disminución de las betaendorfinas en el plasma. Son unas sustancias que regulan el  sistema bienestar-malestar y que al alterarse  nos pueden producir las sensaciones descritas. Podríamos clasificar la astenia primaveral en dos tipos: de origen físico y de origen nervioso. La astenia física se mostraría  como cansancio y debilidad corporal y la de origen nervioso aparecería un especial cansancio a la  hora de hacer una actividad mental. Frecuentemente aparecen juntas, teniendo en cuenta que una puede conducir a la otra. Otros síntomas asociados a la astenia primaveral: tristeza inexplicable, irritabilidad, falta de apetito, cierta pérdida de memoria, tensión arterial baja, tono vital bajo, ausencia de interés sexual, dolor de cabeza y malestar general, debilidad muscular para hacer cualquier esfuerzo, cansancio.

  • Pautas que van a ayudar a prevenir o mejorar los síntomas.

Tomar complementos nutricionales. Jalea real por sus efectos estimulantes y tonificantes. Polen por sus propiedades  energéticas y vigoriantes. Levadura de cerveza por ser rica en vitaminas del grupo B,  también llamadas vitaminas del ánimo. Oligoelementos como el cobre,  hierro y manganeso. Plantas medicinales tales como el guaraná, ginseng, eleuterococo, jengibre.

Dormir  el tiempo necesario, practicar técnicas de relajación, hacer ejercicio moderado.


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Mi cuerpo no deja de sorprenderme. Su especial lenguaje, me recuerda la necesidad de cuidarlo. ¡ Y es que solo tengo uno!  Esta verdad, tan sencilla es muy  profunda. A veces nos comportamos como si tuviéramos crédito ilimitado. Y es que el l cuerpo, al igual que un banco, como uses más de lo que tienes, te va a reclamar ese dinero más los intereses, que por cierto no son insignificantes. Por eso nuestro cuerpo es sabio. El cuerpo tiende a la vida, lucha por la vida y por ello nos avisa.

Cuando la pequeña luz  de nuestros coche nos avisa de que falta aceite, tardamos poco (otros no hacen ni caso) en echar ese viscoso líquido en el lugar que corresponde.  Sin embargo en nuestro cuerpo se encienden continuamente luces que que nos avisan: dolor de cabeza, estreñimiento, digestiones pesadas, ardor, contracturas musculares, malhumor, insomnio…..  ¿Les hacemos caso?

He aquí algunas pequeñas pautas que te ayudarán a evitar el exceso de gasto

  1.   Toma consciencia de tu cuerpo. Párate, respira y observa. ¿Tienes amplitud en la respiración? ¿Estás tranquilo, inquieto, alterado? Plantéate por qué
  2.  Aprende a conocer su lenguaje: dolor, insomnio, ardor, tensión… y busca su causa en lugar de tapar los síntomas con analgésicos, antiácidos, somníferos o relajantes.
  3.  Mirar tu postura: ¿Estás encorvado? ¿Recto? ¿Cabizbajo?
  4.   Párate delante del espejo y pregunta : ¿Cómo  estás? ¿Qué necesitas?
  5.   Observa tu energía, tu fuerza, tu resistencia ¿Ha menguado? ¿ Estás sin vitalidad?
  6.   Las señales, los avisos ¿cuándo aparecen? ¿En qué lugar? ¿Con qué personas? ¿Qué piensas en el momento en que aparecen?
  7.  Las señales, ¿se repiten con frecuencia? ¿Qué haces ante ellas?
  8.  Pregunta a personas allegadas a ti cómo te ven. Es fácil autoengañarse.
  9.  ¿Es el agradecimiento por tu cuerpo la actitud principal? ¿Te quejas mucho del cuerpo que tienes?
  10.  ¿Qué estás haciendo para cuidarlo?¿Prefieres seguir pagando intereses hasta que la deuda sea impagable?


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Es más fácil ver lastop_sign_800_8111s opciones y soluciones en la vida de los demás que en uno mismo ¿Te ocurre eso? Y uno de los motivos es que la propia carga emocional de la situación dificulta la visión.

Cuando somos parte hay que ponerse aparte”. Porque “dentro” nuestra mirada es subjetiva y estamos intoxicados de información e incluso deformados por el exceso de ella.

Te invito a un ejercicio. Quiero suponer que tienes permiso de conducir. Estás en tu coche viajando hacia la dirección de la calle Tensión, Planta Tercer Conflicto, Despacho SO (Sin opción). Estás enojado. La injusticia de un compañero iracundo te ha tocado el orgullo porque cada uno va a lo suyo.

Tu cara enrojecida, tu mente aturdida. La tensión muscular en aumento, tu circulación sanguínea en detrimento. Pensando en lo que le vas a decir y lo que tienes que oír. Estás a punto de llegar al despacho, faltan cien metros.

A los lejos, a unos cincuenta metros, observas un policía que te indica que aminores la marcha ¿Qué haces? Aminoras, es la autoridad quien te lo dice.Hay obras en la carretera. El tráfico se enlentece. Ya solo faltan veinte metros. De nuevo otro policía con una señal de tráfico: Stop.

Te paras. Te faltan 10 metros para llegar a tu destino. Desde el lugar en el que estás parado puedes ver el despacho al que vas. Detrás del cristal, la cara tensa de tu jefe, de tu compañero. El policía se acerca con la señal de Stop en la mano, le observas, le miras extrañado. Pero… ¡si tiene mi misma cara! ¡Soy yo! ¡Stop, parar, detente! El Stop es una herramienta sencilla que nos ayuda a detener el impulso inconsciente y pasar a ser consciente.

Ante situaciones estresantes aplica peerreoa, ¿peerreoa?Parece una palabra extraña de algún poblado de Tahiti. Te lo aclaro ahora. Eso sería como se pronuncia, y se escribe PROA: Párate – Retrocede – Organiza – Actúa.

  • Párate. Stop. Para el proceso de pensamiento que te está llevando a un estado de mayor tensión y no te permite tener otra visión, ni aporta opciones.
  • Retrocede. Pon distancia, sepárate de la situación. Da unos pasos físicos hacia atrás y observa la situación desde la distancia. A veces necesitará ser más “distante” (espacio, horas o días). Toma aire profundo, céntrate en cómo se dilata el vientre cuando el aire entra. Date permiso de disfrutar del aire que te aporta oxígeno.
  • Piensa ¿Cómo me siento? ¿Qué me está moviendo a esta actitud? ¿Qué espero conseguir en este estado? ¿Qué otras opciones tengo? ¿Qué he aprendido para gestionar esto? Si tienes un EP (espacio para pensar), ve a él. Sino créalo en tu cerebro. Este espacio de tiempo nos ayuda a tomar consciencia de lo que vamos a hacer y actuar en consecuencia.
  • Organiza. Los pensamientos van y vienen, autopistas de viento, olas en movimiento. Cuando eso ocurra, di Stop. Párate, organiza tus pensamientos, por orden.
  • Actúa. Has tomado consciencia. Ibas a reaccionar, te paraste. Ahora desde el consciente decides hacer (o no hacer). Aunque te equivocases en la decisión siempre podrás sacar algo de ello (aprendizaje).

Quizás ibas a dar pasos desde el miedo , gobernado por , digámosle, el cerebro de la supervivencia, el más primitivo, el más básico (sistema R) , agitado por el sistema límbico y bajo la ordenes de los ejes que parten del hipotálamo y que activan neurotransmisores y hormonas, estabas corriendo hacia el despacho de la Tensión con mayor tensión. El resultado habría sido de alto voltaje. Ahora, haciendo uso de tu capacidad de razonar, de pensar, has cambiado tu procesamiento mental, el cual te permite tomar otras decisiones, ver otras opciones y decidir. Ya no eres esclavo del miedo o de otra emoción que te conducía en una dirección , posiblemente, errónea (o no).

Todo este dicho lo podemos resumir en un dicho: Cuenta hasta diez (o hasta cien) antes de hacer una insensatez. A esta habilidad de gestionar las emociones le llamamos inteligencia emocional.

Para este ejercicio “ Stop” me he inspirado en un libro que te sugiero leas.El juego interior del Estrés (W.Timothy Gallwey) Ed.Sirio.Extraída a su vez de Mindfulness . STOP (S→ STOP= Paremos,T → Takee a breath= Respiremos, O→ Observe = Observemos,P→ Proceed= Prosigamos.


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Adolescencia: Pautas de ayuda.

 Reglas de Oro para padres.jovenes

  1.  No le sermonees. Esta es la regla de oro de comunicación con un adolescente, y la más transgredida. No le eches la charla  en el momento de enfado. Madúralo y busca un momento mejor para sacarle la conversación. Siempre al hilo de algo que parezca no tener nada que ver, como una película, un documental, una noticia…
  2. Escúchale atentamente sin interrumpirle todo el rato. Él tiene sus razones y si le escuchas se verá obligado  a hacerlo cuando seas tu quien hable.
  3.  Cuando digas no a una petición suya, arguméntalo y, después, déjale la puerta abierta; “Y por esto, espero que no lo hagas”.Deja la pelota en su tejado, porque, aunque parezca que no, tu opinión sigue siendo un referente para él.
  4. Empatiza con él, ya que el secreto radica en estar informado de lo que le está pasando y del momento que vive. Nunca intentes sacarle información con apelaciones como : “Yo , cuando tenía tu edad…”; ni preguntas cerradas, como : “ ¿Con quién has estado?¿dónde?”. Surte más efecto hablar con él de cosas generales y sacarle poco a poco la información.
  5. Reforzarle siempre funciona. Este método básico de educación es, si cabe, más necesario en esta etapa. Todos los adolescentes tienen algo rescatable. Dile lo bien que se le dan los amigos, lo que estudia, lo guapo que está en momentos determinados…Que vuestra relación sea buena depende de que haya momentos para todo. Incluso dile que le quieres, aunque parezca no gustarle


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Menos enfados, + salud. Capítulos III

que paso

Los distintos colores de la ira

Enojo, amargura, enfados.

La rabia, la cólera, el furor, la irritación o el enfado, son diferentes tonalidades de la ira. Cólera y rabia son sinónimos de ira, cuando hablamos de “furor” hacemos referencia a una ira acentuada, cuando utilizamos “enfado o irritación” hacemos referencia a una ira atenuada.

No está de más aclarar que como otro término cualquiera, estas palabras puesta en boca de cada persona tienen una connotación diferente, están sujetas a contextos lingüísticos así como a la forma de comunicación de cada persona y de las costumbres de quien las utiliza.

No obstante, lo que a nosotros nos interesa no es tanto la connotación sino la actitud con que se dice, la intensidad con que se vive y la frecuencia con que se utiliza.

Estos tres puntos: actitud, intensidad y frecuencia son los que tenemos que contemplar para conocer nuestro estado. Ampliaremos esto en el apartado de los mecanismos y consecuencias de la ira.

Las siguientes expresiones nos ayudarán a entender a ciertos estados:

– «Estoy que exploto de ira. Le sale humo por las orejas. Está bajo la presión de la ira. No te acalores. Rebosa ira. Hierve de ira. Calma la ira. No te sulfures. Ha perdido la calma. Lanzó una mirada airada. Está rojo de ira. Ha perdido los nervios. Estoy hasta el gorro. Me he levantado con el pie izquierdo. Tengo los nervios a flor de piel. Grita como un loco. He perdido la cabeza. Se le subió la sangre a la cabeza. Tienes la sangre envenenada. Tengo el estómago revuelto»

  Explosiones incontroladas,volcanes en actividad.

La expresión airada que podamos tener también depende de la cantidad de información dañina que hayamos metido en nuestro cerebro. Muchas veces nos “calentamos el coco solos”. Alimentamos lo que nos han hecho o dicho de tal manera que el nivel de ira va subiendo, y no porque hayan ocurrido cosas sino por lo que nosotros pensamos que pudiera ocurrir.

El volcán activo (no en erupción) empieza a movilizarse y un pequeño movimiento de la tierra sacude su interior y comienza la erupción. Vomitamos todo tipo de palabras y después soltamos el: ¨lo siento, yo no quería¨. Hay demasiados volcanes en activo, confío en que no les dé a todos por expulsar su lava al mismo tiempo.

La lengua es utilizada muchas veces sin control, de forma compulsiva. A unos les da por comer, a otros por jugar a las máquinas, a otros por trabajar demasiado, a otros por el sexo, a otros por hablar  de forma compulsiva. Pareciera como si hubieran puesto la directa al motor de la lengua. Expresamos lo que sentimos, lo que hay dentro, aunque muchas veces no somos conscientes de ello.

Los ceniceros son fieles testigos de las actitudes iracundas. Suelo fijarme en la forma en que son apagados los cigarrillos. Se nota quien estaba enfadado.

– Pobre cigarro, ha sido usado como sustituto, aplastado como un acordeón –le dije a un compañero señalando hacia un cenicero en la mesa de un bar. Nos reímos un rato a costa de ello.

Observe a su alrededor: Salidas bruscas del aparcamiento, gestos despectivos, posturas super rígidas (parece que se les olvidó quitar la percha cuando se colocaron la chaqueta), conductores que hablan solos, música a toda pastilla, insultos en los semáforos, impaciencia en las colas (y no se le ocurra ponerse delante sin querer), prisas, niños arrastrados por sus padres, caras crispadas… todo un espectáculo. Y eso que vivimos en la sociedad del bienestar.

 

 


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Capitulo II del Libro Menos Enfados, + Salud

Los Proverbios: fuente de inspiración para una vida equilibrada. Un capítulo para cada día del mes.

discusión airadaAcudamos a la sabiduría del libro bíblico de Proverbios y a algunos ejemplos vivenciales más para entender la ira en su sentido más amplio y profundo. Descubriremos que no es una forma de comportamiento propio de la sociedad moderna sino que el hombre, desde tiempos ancestrales, gobernado por sus emociones o por su egoísmo (y no por la razón), ha perdido el control de sus actos y se ha dejado llevar por conductas primitivas que le degradan como ser humano y que además, por desgracia, deja fuertes huellas de sufrimiento en los corazones de aquellos que tuvieron la mala suerte de ser blanco de esas malas acciones.

Parémonos en varias citas y tomemos conciencia de la importancia de descargar nuestras tensiones de forma inadecuada.

Estos versículos dan una clara muestra de lo que la ira puede hacer y a su vez también dan soluciones para prevenir las consecuencias. En algunos aparece la palabra ira y en otros hace referencia a uno de los instrumentos de expresión de la misma lengua.

“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”

¨Tengo a todos mis empleados acongojados, les hago andar bien recto, como un palo, no les deja pasar ni una. A la mínima que se alborotan los pongo en vereda¨,  me decía un paciente haciendo alarde del control que ejercía sobre la gente. Sin embargo, él estaba siendo dominado por un elemento de 15º: el alcohol era su dueño absoluto. Su voluntad para el trabajo, para el control sobre otros era fuerte, sin embargo en su intimidad, cuando nadie le veía, no podía ejercer ese mismo control sobre él. Su vida era una continua amargura.

Este proverbio da más importancia al interior que al exterior, a lo que somos en esencia y no a lo que somos delante de los demás.

Utilizamos muchas veces la ira para controlar a otros, para conquistar, para triunfar, pero seguramente un día u otro aquello que obtuvimos a través de la ira, se derrumbará, habiendo sido nuestra aliada para conseguir ciertos objetivos, finalmente se volverá en contra nuestra, tomará el control y anulará nuestra voluntad. No olvidemos que construir lleva tiempo, esfuerzo y dinero, pero destruir se puede hacer en un instante.

La ira del rey es mensajero de muerte, mas el hombre sabio la evitará. Proverbios 16:14

Íbamos camino a la costa de nuestra preciosa isla (Mallorca), nuestra intención era pasar un agradable día de verano. No teníamos ni la más remota idea de lo que íbamos a presenciar aquel día.

– ¡Antonio, Antonio! –gritó mi esposa– ¡Mira allí!

Giré mis ojos hacia el lugar que me indicaba y pude ver con horror cómo un hombre perseguía a otro con un hacha en la mano y le gritaba:

– Te voy a matar, ca…, que eres un ca… (no se refería a un “ca” que en mallorquín es perro, sino como el lector se puede imaginar hacia referencia al macho cabrío).

Varios coches pararon. Nosotros estábamos a unos cincuenta metros del conflicto. Algunos conductores bajaron para intentar evitar la pelea. Las esposas trataban de retener a sus maridos ante la posibilidad de que aquellos también salieran lastimados:

La tensión era cada vez mayor, hasta que el hombre que tenía el hacha logró alcanzar al otro que le decía:

– ¡¡No hagas eso hombre, que se va a arrepentir, por favor, contrólese!! Por unos segundos, con el hacha en alto, se detuvo. Parecía estar pensando. De repente:

– ¡Hijo de la gran…..(censura)! Te mato, es que te mato! –otra vez empezó la persecución. Menos mal que aquellos segundos le bastaron al amenazado para recuperarse, coger fuerzas y correr hasta distanciarse. Al final se libró de aquel hombre.

No fue agradable contemplar esa escena. Nos produjo un mal sabor de boca, menos mal que en el transcurso del día las preciosas voces de nuestras hijas, sus risas y sus bromas nos hicieron olvidar el mal momento.

Podemos tener títulos nobiliarios, estudios, tener un coeficiente intelectual altísimo, sin embargo ser dominados por la ira y convertirnos en “mensajeros de la muerte”. Alguno pensará: –¡Tampoco es para tanto, yo nunca maté a nadie, ni tampoco empuñé un arma!–. Permítame decirlo, amigo, amiga que todos tenemos algo que podemos convertir en un arma homicida, la lengua, la ¨sin hueso¨. Muchos de nuestros temores y complejos se iniciaron a partir de ciertos comentarios destructivos que salieron de la boca de personas iracundas que no tuvieron en cuenta ni lo que decían (o quizás sí) ni a quien se dirigían.

Posiblemente usted mismo/a haya sido víctima de algunas palabras hirientes. Palabras que afectaron a sus emociones y que si no lo ha superado, le están impidiendo ser una persona libre y poner en marcha todo su potencial .

Personas que durante años estuvieron, y algunas aún están, bloqueadas en sus emociones limitando sus relaciones personales, e incluso no pudiendo desarrollar su profesión con rendimiento. De modo que, por favor, cuidado con sus palabras, con sus enfados y con sus arranques de ira.

 Una última aplicación práctica sobre la ira.

Los hombres escarnecedores ponen la ciudad en llamas, mas los sabios apartarán la ira. Proverbios 29:8

Admiramos o envidiamos a los elocuentes, a los que triunfan, a los que reciben premios por sus logros, a los poderosos, etc.. y sin embargo este texto de más de tres mil años de antigüedad llama sabios a los que tuvieron la gran idea de poner a un lado la ira.

Pues ya ve, querido/a lector/a, si usted aparta la ira será considera “persona sabia”.

¿Ha observado como un pequeño fuego puede producir un gran incendio? ¿Ha vivido usted alguna experiencia de “dijo y direte” que al final no tenía nada que ver con lo que había ocurrido y sin embargo produjo fuertes fricciones entre los implicados?

Escarnecer es sinónimo de ofender, deshonrar, insultar, injuriar, agraviar, humillar, menospreciar, burlar. ¿Ha permitido usted alguna vez que su lengua suelte palabras que contengan alguno o varios de estos cuchillos afilados? Yo sí, a veces por ignorancia, otras por orgullo y otras porque me vi amenazado y le aseguró que ahora que sé lo que les puede ocurrir a las personas que me oyeron y lo que me puede ocurrir a mi en el área de la salud física, mental y emocional, tengo otra actitud. No puedo decir que ya lo haya conseguido, pero estoy caminando en ello.

 

Lea los siguientes versículos y reflexione:

         He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos

obedezcan, y dirigimos así su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan

grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy

pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua

es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí ¡cuán grande

bosque enciende un pequeño fuego! Santiago 3:3-5.


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Menos enfados, más salud“Malos humos al volante”

El intermitente indicaba que iba a aparcar hacia la izquierda. Pude observar que tenía una pequeña dificultad para estacionar por lo que esperé pacientemente a que lo hiciera. De repente el coche se detuvo bruscamente. El conductor bajó, cerró la puerta de un golpe y se dirigió hacia mí con cara de pocos amigos…

– ¿Qué pasa tío? ¿Es que no puedes esperar? Te voy a dar una…

Menos mal que le vi venir. Enseguida modifiqué mi postura para darle un mensaje de “no violencia”, bajé el tono de voz y le dije:

– Perdón, señor, ¿ha oído usted en algún momento que le llamase la atención o diera señales de impaciencia?

– No –contestó.

– Entonces, ¿por qué se enfada conmigo? ¿No se da cuenta que estoy parado esperando a que usted pueda aparcar? –le dije. Refunfuñando, con palabras incoherentes que no pude identificar, se fue.

No hace falta ser muy observador para darme cuenta de que la adrenalina está situada al borde de nuestra piel y que a la mínima provocación, cierta o no, fabricada por nuestra mente, saltamos. La hipersensibilidad a las cosas o personas que nos rodean puede ser muy bien, un síntoma de irritabilidad. Ollas a presión que sólo necesitan aumentar un poco más la temperatura para dar señales de que ya está hirviendo.

 

Estoy seguro que al momento de haber leído esta breve historia ha recordado alguna situación personal o de terceros que tiene que ver con las reacciones iracundas. El enojo, la ira, pueden ser momentáneos, pasajeros, pero también tener raíces muy profundas. Entendiendo por raíces aquello que está oculto a los ojos de las personas. Son esas áreas de nuestra vida que otros no ven, y que algunas veces ni nosotros mismos vemos. Por ejemplo la amargura.

El ser hijo de un campesino me ha ayudado a entender muy bien lo que son las raíces.

– ¿Ves esta hierba hijo? –dijo mi padre al mismo tiempo que me señalaba una verdolaga (hierba que crece con mucha fuerza).

– Sí, papá, ¿la quito? –le dije entusiasmado. Como a todo niño, me encantaba hacer cosas nuevas, y eso de quitar la hierba era un nueva experiencia para mí.

– Sí, la puedes quitar, pero antes hay que ablandar la tierra y luego tirar poco a poco del tallo más grueso –me dijo al mismo tiempo que me mostraba con sus manos cómo hacerlo.

A mi padre le encantaba enseñarme todo lo que sabía acerca del campo. Apenas había ido a la escuela, pero puedo asegurarle que para mí era como un licenciado en “herborología”, ingeniería agrónoma, “avisperólogo” (tenía una especial habilidad para tratar con las avispas, nunca le picaban a pesar de que las ponían sobre su piel), terrólogo (conocía todas las tierras, cuál era la mejor para cada planta) y “semillólogo” (le sacaba provecho a todas las semillas que él mismo apartaba y secaba). ¡Eso por lo menos!

 

– Papá, ¿por qué hay que humedecer la tierra? ¿No sería más fácil arrancarla en seco?

Yo quería coger aquella mala hierba y tirar con todas mis fuerzas. Mi paciencia estaba siendo probada. Lo quería hacer y… ¡ya!

– No, no debes tirar en seco, si lo haces así lo más probable es que pasen dos cosas: que se rompa el tallo y la raíz quede adentro, por lo que volverá en poco tiempo a brotar y por otra lado, si tiras con fuerza las semillas que están en esas ramitas caerán en la tierra y brotarán otras hierbas– me dijo pacientemente.

¡Qué listo era mi padre! Me estaba enseñando sin saberlo (o quizás sí) una ley de la economía: No trabajar dos veces. Uno por “arrancar mal” la hierba y la otra, volver a arrancar otras por haberlo hecho mal la primera vez. Sabiduría popular. Gracias, padre.

 

No estás en este momento a mi lado, te marchaste hace ahora tres años, pero tu tiempo conmigo no fue en vano. ¡Cuántas cosas me enseñaste entonces! ¡Ahora empiezo a entenderte!.

Quisiera poder abrazarte. Sé que lo que más te agradaría sería que pusiera en práctica lo que me enseñaste. Tengo pocos recuerdos de ti, estabas muchas veces fuera de casa, pero los momentos que te tuve a mi lado nunca los olvidaré. Tus bromas, tus juegos, tus ocurrencias… gracias por tu sabiduría y tu cariño.

 

Comenzó regando, tanto las tomateras como las hierbas, y después, cuando el agua había penetrado y humedecido las plantas, empezó a quitar las malas hierbas. Primero, con una mano apartaba la tomatera sin llegar a romperla, la mimaba, sabía que el fruto de esa hortaliza iba a ser su alimento. Luego apoyaba la mano abierta sobre la tierra de tal manera que el tallo de la hierba quedase entre el dedo índice y el pulgar, con la otra mano cogía el tallo lo más próximo a la tierra y tiraba de forma lenta, sin prisas, quería sacar aquella mala hierba desde la raíz. Tiraba poco a poco, yo le observaba, tenía curiosidad por saber cuán profunda podía ser.

 

Vi realizar esa maniobra una y otra vez durante años. Observar aquel espacio de tierra limpio me alegraba. Mi padre se sentía satisfecho contemplando la belleza de las hortalizas, se sentía satisfecho por el trabajo que había realizado. Disfrutaba comiéndose un tomate jugoso con un poco de sal, allí mismo, junto a la tomatera. Lavaba el tomate con la misma agua de la acequia, cogía su pequeño cuchillo, acercaba su nariz al tomate, lo olía, hincaba sus dientes y comía el fruto de su trabajo.

 

Quizás mi querido/a lector/a esté pensando qué tiene que ver esta historia agrícola con los enfados, la ira y la amargura. ¡Pues muchísimo!, pero como considero que si ha escogido leer este libro es porque tiene “hambre” o simplemente le apetece relajarse, distraerse y ha cogido lo primero que tenía a mano. Por ello no quiere quitarle el placer de que usted mismo/a averigüe –y sé que lo hará– qué relación hay entre ambas cosas.

Soy un admirador de la naturaleza y de su Creador, soy un apasionado de la enseñanza y aprovecho, siempre que puedo, a despertar la curiosidad de mis lectores o de mis oyentes. Por eso amigo, amiga, aunque tengo muchas ganas de “revelar los misterios docentes” de la naturaleza aplicados a la vida diaria, no lo voy a hacer (por de pronto). Siga leyendo y ¡anímese, que seguro le ayudará a arrancar sus “malas hierbas”!

 

– Os voy a suspender a todos, sois unos mal educados –gritaba mi profesor de matemáticas– al mismo tiempo que pegaba una patada a uno de mis compañeros de clase.

Su cara estaba roja, congestionada, sus músculos tensos, sus puños cerrados, la mandíbula apretada y su mirada cargada de fuego.

La ira le había cegado, no se daba cuenta de lo que estaba haciendo. Cuando estaba bien era correcto, educado, comprensivo; pero cuando se enfadaba no tenía amigos. Al primero que pillaba le arreaba un guantazo. Cierto es que no éramos ningunos angelitos pero, a mi modo de ver hoy, creo que sus manifestaciones eran muy exageradas. Ese día estaba de malas pulgas. Su paciencia había llegado al límite, cogió a mi compañero por los pelos de la cabeza –que por cierto, la tenía muy dura– lo sacó de su pupitre, (uno de esos que tenía que levantar la tapa para poder sacar tus cuadernos y demás enseres colegiales), lo arrastró hacia su mesa, lo tiró al suelo y empezó a pegarle patadas.

Han transcurrido treinta años desde aquel hecho y aún sigue vivo en mi memoria.

 

¿Qué debió pasar por la cabeza de ese hombre para realizar tal barbaridad? Ya entonces, probablemente por lo que había aprendido de mi padre, tenía curiosidad e interés en saber por qué un hombre adulto podía perder el control de esa forma.

 

Más tarde supe que había sufrido mucho durante la postguerra, incluso una metralla había dañado una de sus piernas, provocándole una cojera para toda la vida – por eso le llamábamos el “profe subeybaja”. (No molesta al lector?) No recuerdo que habíamos hecho ni dicho, pero debió ser algo gordo para que él se enfadase de esa forma. O no, quizás estuviera irritado por otros motivos y nuestra conducta solo fue el detonante o la chispa que prendió una vida regada con gasolina. No estoy en ningún momento justificando su conducta, no fue correcta, es cierto, pero ¿cuántas veces nos salimos de nuestras casillas, explotamos, no medimos las palabras y causamos daños, además de a uno mismo, a otros?

 

Muy poca gente está exenta de enfadarse, en todo caso, algunos parece que no se alteran y sin embargo tienen una ira reprimida, que no sé que es peor (ser objetivo), vomitando y salpicando a los que tiene por delante cuando llega a su límite de aguante.

 

Es muy común en el ser humano descargar su ira sobre terceros, especialmente sobre los más débiles o inocentes. La ira puede ser muy peligrosa. ¿Cuántas heridas e incluso muertes a causado la ira descontrolada? Hechos, palabras o pensamientos que han tomado el control de la persona y le han guiado a tomar decisiones incorrectas o actuar equivocadamente.

 

Ahora bien, ¿qué es la ira? La ira, junto al placer y el dolor, es una de las emociones que se manifiesta más tempranamente. Se manifiesta ante múltiples causas desde la existencia de obstáculos que dificultan la satisfacción de un deseo, pasando por el sentimiento de amenaza física o psicológica, hasta la sensación de frustración ante una situación de injusticia, cierta o no.

Todos hemos experimentado en alguna ocasión este tipo de sensaciones y reacciones, e incluso nos podemos haber sentido confusos al no comprender por qué actuábamos así.

Aquellos que tienen niños lo pueden entender muy bien. Hay situaciones en las que perdemos el control ante nuestros hijos. Es nuestro deseo que aprendan, que crezcan, que maduren, nos gustaría que fueran dóciles y que frente a lo que deseamos enseñarles fueran capaces de obedecer y aprender; pero la realidad muchas veces es otra. Como padres nos sentimos impotentes ante sus respuestas, no entendemos muy bien su comportamiento y la frustración que sentimos nos conduce a los enfados, amarguras y poco a poco a descargas de ira.

 

Es importante entender que la ira en sí no es mala, es necesaria. A través de ella, manifestamos lo que hay en nuestro interior. Con ella mostramos indignación ante las injusticias, pero también es cierto que con ella controlamos a otros. La ira puede volverse contra nosotros ya que produce una serie de reacciones fisiológicas que, de continuar, pueden causar disfunciones orgánicas y a través del tiempo enfermedades. Ver relación

Algunos autores como Averill (1982) han clasificado la ira en diferentes tipos: la ira malévola, la ira constructiva y la ira explosiva.

¨La ira malévola es una expresión cuyo objetivo es destruir o vengarse de otra persona,

vengarse por una injusticia súbita o manifestar y expresar odio y

desaprobación de cualquier forma; la ira constructiva, que tiende

a modificar el comportamiento ajeno, a consolidar la estrecha relación con

quien se produce la ira, a afirmar la propia libertad e independencia, a

conseguir que los demás hagan cualquier cosa útil para sí mismos o

para los demás; la ira explosiva, que sirve principalmente para liberar la

tensión y manifestar la agresividad, con la probable función añadida de

romper los lazos o de reponerse de una injusticia súbita

(Estrés de la adaptación a la enfermedad. Elementos centrales

        de la ira. Pág.93. Promolibro. Valencia 1998.

 

Según Averill, siete de cada ocho personas manifesta esta emoción, más o menos intensamente, una o dos veces por semana. Siendo en muchos casos superior. Ahora, si hablásemos de irritación o enfado aumentaría considerablemente esta cifra. Hay personas que están en un constante estado de ira, irritabilidad, enfado o amargura.

 

Una anécdota sobre la ira: La justicia impartida desde los tribunales admite que si una frase o acción ha sido realizada mientras el sujeto estaba experimentando un ataque de ira, será tenida en cuenta como atenuante, ya que se considera que el sujeto en cuestión no fue enteramente responsable de sus acciones. ¿Interesante verdad? Esto indica la fuerza que puede llegar a ejercer sobre nosotros esta emoción.

 

 

Todos ofendemos muchas veces.

La ofensa puede ser una descarga de ira sobre los demás

 

Desde nuestra perspectiva “ Menos enfados, + salud”, nos interesan todas las variantes de esta emoción. Alguno pensará, “yo sólo me enfado un poquito”, otro “sí, ya sé que exploto, pero luego se me pasa”, y otro “era necesario que le cantase las cuarenta, se tenía que enterar quien era yo”. No menospreciemos estas expresiones creyendo que no nos afectan. Todas estas formas de manifestar la ira son susceptibles de hacernos o hacer daño dependiendo de la intensidad, frecuencia y estado tanto personal.

 

Tenemos que reconocer que desde pequeños se nos ha enseñado que debemos controlar la ira, especialmente a sus manifestaciones externas. Y algunos por carácter lo han conseguido, pero no olvidemos que la ira reprimida puede ser tan peligrosa como la ira expresada. Ya lo iremos viendo.

 


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discusión airadaNo podía creerlo. Delante de mi ojos, tan cerca que hasta podía percibir su olor corporal, fruto de un estado de irritación. Las palabras que salían por su boca no eran precisamente balsámicas, ni motivadoras, ni consoladoras. Más bien ofensivas, humillantes y destructivas. No podía creer lo que mis oídos escuchaban. Gritos de una madre vomitados (no encuentro otra palabra en este momento) sobre su pequeña hija de tres años.

Su “delito”, el del niña, era simplemente  activar su curiosidad al ver un juguete móvil  en uno de los escaparates.La madre, la agarró del brazo, atrayéndola con fuerza hacia sí.

-.¡Mami, me haces daño-, exclamó la pequeña.

– ¡Ya me tienes harta!- Respondió la madre de forma iracunda.

– ¡Eres tonta! Cuando llegue a casa verás-, a esas palabras le acompañaban gestos de ira, con el puño cerrado.

Sentí mi corazón entristecerse. ¿Cómo era posible  un trato tan humillante? ¿Cómo era posible que  un adulto tratara así a una pequeña que solo estaba observando un objeto?

¿Cuál sería el estado de la madre que le condujera a este tipo de acciones? Acciones que cada vez son más frecuentes, en los autobuses, en  las calles, en los trabajos, en los hogares.

¿Tanta rabia tenemos? ¿Tanta ira? Sin duda la capacidad de manejar nuestras emociones deja mucho de desear. Es posible que adquiramos conocimientos pero tengamos dificultades para adaptarnos  a situaciones no deseadas, a momentos de tensión o de frustración. Pasamos años estudiando (mínimo dieciséis) ¿Cuánto tiempo dedicamos  a conocer la mejor forma de comunicar, de compartir, de expresar?

El mecanismo de defensa de proyección es usado con mucha frecuencia. Descargamos nuestra responsabilidad en los demás. Si respondemos de forma iracunda damos la culpa a un factor desencadenante, ya sea hijo , compañero o circunstancias.  En lugar de hacernos cargo de nuestra reacciones o actitudes.

No sé en qué situación se encontraba la mencionada madre, es posible que tuviera más que motivos para estar enfadada, probablemente por situaciones personales. No me atrevo a interpretar, por miedo a entrar en juicios y sacar mis propias conclusiones. Lo que sí estaba claro era que su conducta no era la más apropiada. La pequeña recibió la descarga iracunda de su madre. ¿Qué pasaría por su mente?  -Mamá, solo estaba mirando un juguete- podría decir.

¿Qué enseñanza recibe esa criatura respecto a cómo expresar nuestro estado? ¿Copiará ella la misma conducta que la madre?

Una de las formas de aprender es por imitación. Muchas de las reacciones de los niños son espejos de los padres o allegados.  Conductas, en ocasiones poco saludables e  incoherentes. Y, cuando las hacen, los mayores queremos corregirles con otras conductas iracundas. En lugar de enseñarles a expresar de forma empática.

Volvamos a la madre. Y más que a la madre, a la conducta. ¿Vemos estas acciones con frecuencia en nuestro entorno? ¿Cuál es  nuestra actitud? ¿Nos afecta? ¿Nos hemos acostumbrado? ¿Las hemos normalizado? A estas horas, pasada la medianoche, cuando estoy escribiendo  estas reflexiones que parten de la observación de mi entorno, también miro hacia mi interior. ¿Tendré yo reacciones como ésta? Es posible que las tenga y no me dé cuenta de ello porque también puedo haberlas integrado en mi comportamiento diario, haberlas normalizado. Por lo que es posible que esté viendo la paja en ojo ajeno y no pueda ver la viga que está en el mío. Si esta reflexión ha servido para el lector, me alegraré. Y si no es así, me alegraré yo solo porque me ha permitido mirarme a mí  y darme cuenta de que es posible que mi conducta no sea tan diferente de la madre de una hija que se dejaba llevar por algo tan natural como es la curiosidad.


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Nuestro estado de ánimo es una poderosa herramienta para modificar los ambientes. Intente sonreír y verá lo que ocurre a su alrededor. Ponga mala cara, enfádese, grite con frecuencia y observé el comportamiento  de las personas que le rodean. Hágase una pregunta: ¿ Atraigo a las personas o produzco rechazo? Piénselo.

Hay personas que tiene mejor humor que otros, en algunos en innatos, otros tiene que desarrollarlo. Hemos visto, según el diccionario, que es una disposición, una actitud, que puede ser habitual o pasajera. Podemos hacer “hábito” cuando lo utilizamos frecuentemente.

Reírse es una función biológica necesaria que ayuda a mantener el bienestar total y físico. Además, “el mal humor baja las defensas y es un caldo de cultivo para que acampen a sus anchas todo tipo de virus y bacterias”

¿Qué es el humor?

El diccionario español lo define como:

a) “Cualquiera de los líquidos del cuerpo” Hipócrates ya hacía referencia a los humores del cuerpo. Diviediéndolos en  humor rojo(sangre), negro (bilis negra- melancolía), amarillo ( bilis amarilla-colérico), flema ( flemático- lento) . Según “predominaba” el líquido, el humor así era la persona. ¡ Muy interesante!

b) Disposición de ánimo habitual o pasajera.

c) Cualidad consistente en saber descubrir y mostrar los aspectos cómicos y ridículos de personas o situaciones

 

Beneficios de la risa

Científicos de EEUU han ubicado el sentido del humor en una zona del cerebro. Según el psiquiatra estadounidense William Fry, cinco minutos de risa equivalen a 45 minutos de ejercicio ligero. Vamos, que troncharse a carcajadas es fuente de salud: ayuda a la circulación de la sangre, da un masaje vibratorio a todo el cuerpo, aleja temores, aumenta la capacidad pulmonar, elimina toxinas, potencia el sistema inmunológico… Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad de California ha ido más allá. Acaban de descubrir el lugar donde se localiza el sentido del humor: una zona del cerebro -de dos centímetros cuadrados- basta para hacer desternillarse al tipo más serio.

 

La risa puede utilizarse como medicina para algunos males del cuerpo y del alma, tanto es así que muchos hospitales de Europa Central tienen en sus plantillas grupos de payasos.

 

Beneficios físicos. Las virtudes de la risa son muy claras y todos los especialistas coinciden: hace que se mueva el diafragma, aumenta la capacidad pulmonar mejorando la respiración, fortalece el corazón, facilita las digestiones al hacer vibrar el hígado y demás vísceras, baja la hipertensión aumentando el riego sanguíneo, tonifica los músculos…Una buena carcajada produce el movimiento de 400 músculos del cuerpo, si tenemos en cuenta que la vida es movimiento y que el movimiento engendra vida, podemos entender que las funciones de todo nuestro organismo se verán beneficiadas por la risa.

La risa previene el infarto, porque el buen humor aumenta la hemoglobina, y la sobreoxigenación celular que se produce al reír, elimina las ojeras y el aspecto cansado de la piel. Y por si fuera poco, la risa es una terapia muy eficaz para retrasar el envejecimiento del rostro, ya que al reír se mueven 15 músculos de la cara, “todo un lifting para la piel”.

 

Aspectos psicológicos. Según los estudios de José Elías, uno de los mayores expertos españoles en la materia, un minuto de risa diario equivale a 45 minutos de relajación. Dice: «Reírse incrementa la autoestima y la confianza en personas deprimidas, supone un refuerzo inmunológico, corta los pensamientos negativos (ya que no podemos reír y pensar al mismo tiempo) elimina el miedo y ayuda a minimizar los problemas; reír antes de acostarse fatiga el cuerpo y combate el insomnio”. Con las preocupaciones y angustias  la gente se olvida de sonreír. Esto provoca una bajada de defensas por acumulación de emociones negativas. Siempre es bueno expresar las emociones, pero si se trata de una sonora carcajada, mucho mejor. Los especialistas aseguran que cada vez que reímos nuestro cerebro libera endorfinas, unas hormonas que detienen el dolor y nos llenan de optimismo y ganas de vivir.

 

Relaciones sociales. La mejor arma es la risa; lo saben los esquimales. Frente a los duelos de pistolas, los moradores de Groenlandia preferían los duelos de ridículo. Ante la tribu, los dos contendientes, frente a frente, se insultaban y ridiculizaban. Las carcajadas de los asistentes señalaban al vencedor: el humillado se tomaba la cuestión tan en serio que a veces prefería el exilio a que cada día continuasen riéndose. Duelos a un lado, reírse ayuda a desinhibirse, aleja la timidez y facilita la comunicación social

 

Endorfinas y adrenalina. Muchas son las sustancias que se liberan y las buenas consecuencias que se derivan. En primer lugar, las endorfinas, una especie de morfinas segregadas por el cerebro, con altos poderes analgésicos y que, por lo tanto, mitigan el dolor. En segundo lugar, la adrenalina, un componente que en buena medida potencia la creatividad y la imaginación. La risa, además, libera dopamina (que mejora el estado de ánimo) y serotonina (que posee efectos calmantes).

Risa, edad y conducta

Los niños ríen, como promedio una 300-400 veces al día, en la medida que nos hacemos “adultos”, diminuye la frecuencia, entre 10 a 100. Pareciera que las situaciones diarias, el estrés, las tensiones, desilusiones, etc… hacen menguar nuestra capacidad de reír.  Las personas que ríen con frecuencias saben sobrellevar mejor las situaciones. La risa y un buen facilita las relaciones. Un malhumor limita nuestras relaciones. Nuestra risa, el buen sentido del humor, nos puede servir como indicador de nuestro estado

 

                         ¿Cuándo fue la última vez que rió  ha gusto?

humor glandula

A través de  la activación de un complejo sistema endocrino-neurológico nuestro cuerpo va a presentar diferentes respuestas según esté nuestro estado de ánimo. ¿Quién no ha experimentado un dolor de cabeza o una subida de tensión después de un enfado? No pasa nada por un momento de tensión o de malhumor, sin embargo un estado continuo o que permanece durante largos periodos de tiempo sí pueden alterar las funciones orgánicas. Veamos algunas:

  • Una mayor coagulación de la sangre, lo que  aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares ( infartos, embolias, trombosis)
  • Un mayor peristaltismo intestinal ( en algunos casos es al revés), lo que conducirá a diarreas o estreñimiento.
  • Las glándulas secretoras del ácido clorhídrico  del estómago aumentarán su función con la ya consabida  gastritis o, con el tiempo, úlcera de estómago
  • 4)Disminución del riego sanguíneo cerebral por la tensión muscular, con la manifestación de dolores de cabeza, e incluso disminución de la visión, afonías o dolores de garganta.
  • Cambios conductuales y de relación. La persona con un actitud continua de malhumor suele quedarse sola
  • Disminución de la concentración, de la agilidad mental y de la capacidad de raciocinio.