Blog de Antonio Gutiérrez

La vida es movimiento, el movimiento es vida


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Lgiving_hug_pc_800_3332 (1)as personas que han recibido caricias son  más estables emocionalmente y se recuperan mejor

La medicina como otras muchas ciencias está en continua evolución, la investigación de nuevos productos para la salud, la utilización de los principios activos de las plantas medicinales, las nuevas tecnológicas, etc.. crecen y se desarrollan a un ritmo vertiginoso. Muchas vidas han sido salvadas gracias a estos adelantos. Pero ninguna de estas sustancias puede sustituir otra “sustancia” con un tremendo valor terapéutico  que poco a poco hemos ido dejando a un lado, ya sea por distorsión social, por complejos , por miedos o simplemente porque no se le ha dado toda la importancia que debe tener.

Nada más nacer recibimos de nuestra madre ese calor, ese cariño amoroso desprendido por las manos, por la piel, por todos sus poros. El dulce sonido de su corazón nos transmite tranquilidad.  Estamos hablando del tacto.

Tocar, acariciar, puede comunicar más amor en cinco  segundos que las palabras en cinco minutos. Abrazar a alguien que haya pasado un mal  día puede tener un efecto consolador o de apoyo, siendo en ocasiones más eficaz que muchas palabras bonitas. Saludar a alguien estrechándole la mano con calidez, con sinceridad, no apretujándole,  está diciéndole “estoy contigo, adelante, ánimo”.

Nuestra cultura ha ido desplazando el tacto afectivo, cariñoso, relevándolo por el toque sexual, no teniendo  nada que ver uno con el otro. La “visión” del abrazo entre dos amigos puede ser mal interpretada, los propios padres dejan de acariciar a sus hijas adolescentes, los familiares cuanto más mayores se hacen van dejando aparte esa expresión corporal de nuestro interior.  Tocar, considerado en muchas ocasiones como tabú , tiene un gran efecto en nuestras emociones, en nuestra sensibilidad , en el desarrollo de  nuestra personalidad  y en nuestra salud.

Podemos comprobar que al acercarnos a alguien, invadir su espacio personal, suelen retroceder para no  ser tocados. Si intentas tocar su hombro de forma cariñosa puede ser mal interpretado y mucho más dependiendo del sexo.  Nuestro cuerpo, nuestras postura, nuestra cara, nuestro andar, nuestro hablar, expresan lo que somos, y la forma de tocar no se queda atrás. Tocar forma parte de la vida, los animales lo hacen con gran ternura, se acarician, con lo que pueden y tienen, sin ir más allá de una expresión afectiva. Nosotros los humanos, dejamos la práctica porque nos cuenta diferenciar entre los que es cariño, afectividad, expresión y lo que es el toque erótico o en la práctica de la sexualidad.

Existen interesantes estudios  que revelan que  los niños de hogares con padres cariñosos, y que los tocan, presentan un aspecto y actúan de una forma diferente que los que rara vez son acariciados. Las personas, así como los animales, se sienten mejor respecto a sí mismas, son menos hostiles y más abiertas.

La mayoría de investigadores, antropólogos y psicólogos están de acuerdo en que, en vista  de las restricciones del tacto y, del comportamiento en nuestra cultura  casi ninguna persona recibe la estimulación táctil adecuada y el contacto cariñoso.

Respecto a la salud, a la recuperación de  enfermedades u operaciones hay una notable diferencia entre aquellos pacientes que recibieron por parte de sus familiares y del personal sanitarios caricias en su manos, en su cara  o  en sus hombros, y  aquellos que  sólo recibieron un atención técnica o con fármacos.

Pongamos una dosis de cariño táctil en los que nos rodean y podremos observar auténticos cambios en su conducta.