Blog de Antonio Gutiérrez

La vida es movimiento, el movimiento es vida


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cervical siluetaLa frase “éste todo se lo echa a la espalda” contiene una información  que va más allá de las palabras. A veces nos somos consciente  del uso de nuestro lenguaje, ya que surge de forma espontánea e incluso sin pensar en lo que estamos diciendo.  La espalda es mucho más que un conjunto de huesos, músculos, ligamentos  o tejidos.  La columna vertebral, estructura que  sostiene al cuerpo,  que contiene y protege parte del sistema nervioso y que además es vital para el movimiento.  ¿Quién no ha percibido la sensación de pesadez sobre los hombros? ¿ O la sensación de tener como una especie de “puñalada en la espalda”, (expresión popular), entre las escápulas, a la altura de la zona dorsal?  ¿O un dolor de cabeza después  de un  disgusto?  ¿O mareos  después de un  estado de tensión?  Algunos presentan hasta sensación  de las “manos dormidas” o náuseas.

Un lenguaje que nuestro cuerpo nos transmite para indicarnos su estado y orientarnos hacia la búsqueda de soluciones. Y lo interesante es que ese cuerpo, es nuestro.  Somos nosotros. Es la expresión de nuestro estado, no solo físico, sino mental y emocional. Lo que los griegos ya decían “Mens sana in corpore”,  no era solamente una frase, sino el resultado de la observación de la conducta humana, de su adaptación al entorno y de los beneficios  del deporte y del equilibrio psicoemocional. La cita original tiene un sentido mucho más amplio: Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano. Su sentido es el de “orar para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado”, no es por tanto, el mismo sentido con el que hoy en día se utiliza. Dejemos por un momento este enfoque y regresemos a la columna vertebral.

La idea principal de este breve artículo es el de darnos cuenta de que  muchas de las dolencias de espalda, cuyo origen se le atribuye a causas mecánicas, articulares o discales, tiene también otras causas psíquicas o emocionales.  La zona cérvical , de forma específica, es diana de la “no aceptación” de situaciones, del rechazo a ver lo que está sucediendo, de ideas fijas o rígidas acerca de algo que estamos viviendo o te algo que está por llegar. Podemos buscar soluciones mecánicas, y con seguridad que serán beneficiosas, pero volverá de forma recurrente a manifestarse hasta que no  vayamos a la raíz, a la causa profunda que genera esos estados.

Todo nuestro cuerpo es una gran esponja que absorbe la forma en como gestionamos los conflictos,  las situaciones, el futuro o el pasado, la forma en como  manejamos lo que vivimos en el presente. Al escuchar el lenguaje corporal podemos tomar decisiones más efectivas. He aquí algunas preguntas que podemos hacernos: ¿Cuándo se manifiestan los síntomas? ¿En qué comento? ¿Qué conversaciones he tenido? ¿Qué estaba pensando? ¿Qué sucedió antes? ¿Qué estoy evitando? ¿Con quién estaba?  Entremos en un diálogo con nosotros mismos a partir de las señales que nuestro cuerpo emite. Y en este caso en especial, con la zona cervical.