Blog de Antonio Gutiérrez

La vida es movimiento, el movimiento es vida


Deja un comentario

El miedo que nos limita

custom_hand_punch_14136 (2)¿Ha tenido alguna vez el siguiente sueño? : Estar corriendo  mirando hacia atrás, alguien te persigue, te intentan coger. Tú no puedes escapar. Corres, parece que las piernas se mueven, pero no avanzas, como si  patinases sobre el suelo. El que está detrás de ti, parece alcanzarte. Pero… nunca te coges, pero tampoco tú avanzas. No puedes escaparte. Te quedas bloqueado.

El miedo, un sentimiento, una emoción, características de todos los seres vivos. Tener miedo es bueno, es necesario. De no ser así haríamos auténticas locuras. Pero no es bueno cuando el miedo te tiene a ti.

El miedo puede ser un gran ladrón, robarte la salud, la tranquilidad, la calma, el aplomo, la paz.

Son varias las culturas y  medicinas (china, griega, india) que asocian el miedo  a diferentes órganos: riñón  y vejiga, especialmente.

En la práctica se ve. ¿Ha oído la frase: tanto miedo pase que me mojé los pantalones? Podemos verlo también en un perro que recibe un susto: No controla el esfínter y se orina encima.

El miedo constante perjudica nuestra salud a muchos niveles, física, psíquica y emocional. Puede boicotear nuestro el futuro, limitarnos a la hora de hacer algo, frenar todo el potencial que tenemos como seres humanos. El miedo puede conducirnos al abandono, a no hacer nada. Repasemos  por un momento lo que en otras ocasiones hemos visto referente a esos ladrones que entran por nuestras ventanas y nos roban ese bien preciado llamado salud. La impaciencia, las prisas, la comodidad, y ahora el miedo. Son ventanas de nuestra vida, ventanas que dejamos abiertas. Aprendamos a conocer aquellas actitudes, comportamientos que perjudican nuestra salud  y nuestra calidad de vida. Podemos modificarlas y prevenir así enfermedades.

Sigamos con el miedo.

Veamos algunas situaciones de la vida diaria: El miedo al que dirán, el miedo al ridículo, el miedo al fracaso, el miedo al futuro, el miedo a que se descubra el pasado, el miedo a ser heridos, el miedo a lo desconocido, el miedo a hablar en público, etc. ¿ Quién no ha tenido alguna vez uno de estos miedos? Lo que me afecta no es el miedo que yo tenga sino el miedo que me tiene a mí. Me controla, me limita.

¿Recuerda la última experiencia que tuvo con el miedo? Taquicardia, respiración agitada, sudoración en las manos,  tensión en las piernas o en el cuello, mirada desorbitada, rojez en la cara, etc… ¿Le suena algunos de estos síntomas?

Según la frecuencia y la intensidad del miedo  – igual como ocurre con todos los factores desencadenante de estrés -,  nos va a afectar a nuestra salud  y a nuestras relaciones humanas.

Algunas personas viven en un estado continuo de miedo. El miedo nos limita, contrae la musculatura, afecta al aparato urinario, afecta a la digestión. Nos hace desconfiados, nos produce dolores articulares. La persona temerosa tiende a huir siempre. No enfrenta las situaciones. Busca la manera más fácil – aunque no siempre es la más inteligente- para salir de  los conflictos y problemas cotidianos. Sencillamente, los niega, los reprime, los evade. Con actitudes así se convierten en niños o adolescentes que nunca  llegan a crecer. Enfrentarse al miedo les da miedo.

Recuerde la figura del sueño, al inicio de este artículo. Tenemos miedo a aquellas cosas que creemos que pueden suceder, pero, la mayoría de veces no suceden. Mientras tanto hemos perdido en ese proceso el tren de la vida, del disfrute de los detalles. Hemos perdido la ilusión y la esperanza. El miedo es  otra de las  ventanas abiertas a la enfermedad.

No olvide que: “El miedo es un cobarde, cuando te enfrentas a él huye”

Antonio Gutiérrez